La fiebre amarilla que azotó la ciudad también propició el crecimiento de la casa de remates al fomentar la mudanza de las familias más pudientes hacia el Norte. En ese entonces, los Bullrich sellaban los loteos de nuevos barrios dando vida a lo que hoy se conoce como Barrio Norte y Palermo.
La historia de Adolfo J. Bullrich como intendente merece un capítulo aparte porque su basta experiencia como rematador y el conocimiento en materia de infraestructura urbana, le permitió dotar a la ciudad de avances imperiosos en materia de higiene, electricidad y el inicio o reactivación de obras emblemáticas, como el teatro Colón, la sede del Congreso y el palacio de Justicia que fueron inauguradas en gestiones posteriores.
El fundador de la Casa Bullrich murió en París en 1904 y si bien la firma estaba en su apogeo pronto la suerte cambiaría. La Primera Guerra aletargó el comercio y con eso las operaciones de la Casa Bullrich que para sortear la crisis tuvo que capitalizarse con el ingreso de la familia Ocampo.
Los Bullrich: las nuevas generaciones
En 1917 la Casa Bullrich celebró sus primeros 50 años con sendos festejos. Allí se recordaron algunos hitos como el remate que más bovinos y alto precio alcanzó al sumar 50.000 cabezas o la sucesión de Crotto, de 35.000 ejemplares, y 3,37 millones de pesos.
A la segunda generación que se hizo cargo de la empresa le siguió otra con contextos también cambiantes. El esquema de trabajo se mantuvo con la incorporación de los descendientes. Así, a Martín Ocampo lo sucedió su hijo Roberto Silvino. Por el lado de Eduardo tuvieron presencia destacada Jorge (padre de Elvira Bullrich de Martínez de Hoz), Enrique y Federico Bullrich Ocampo. Los hijos de Arturo R. Bullrich (bisabuelo del Senador Esteban Bullrich Ocampo) que participaron del directorio fueron Arturo A. y Horacio J. M. Bullrich Cantilo.
La flamante sede que aún conserva el apellido en su fachada se inauguró en 1921. Sin embargo, el funcionamiento de la firma no se reducía solo a su espacio en la Capital. Para 1923, Bullrich sumaba sucursales en Chascomús, 30 de Agosto, Estación La Larga, Necochea, Venado Tuerto y General Villegas, entre otras plazas.
El momento cumbre del trabajo anual de la Casa, sin dudas, llegaba con la Exposición de la Sociedad Rural de Palermo. Desde la primera muestra, celebrada en 1875 en las instalaciones de la calle Florida, la Casa Bullrich fue la encargada de rematar los animales que desfilaban frente al público.
A mediados del siglo XX hicieron su incursión los miembros de la cuarta generación. Así llegaron los hijos de Clara Bullrich, los hermanos Guillermo “Billy” e Ignacio Sáenz Valiente al igual que Arturo Bullrich todos pertenecientes a la línea de Arturo R. Por el lado de Eduardo, se sumaron sus nietos: Jorge E. y los hermanos Enrique L. y Luis. A su vez, también hicieron su entrada los hijos de Luis María, Luis Federico y José Ramón Bullrich. Mientras tanto, Diego, hijo menor de Eduardo Juan, también participó de esa etapa. En esos tiempos, Juan Ángel Lastra, yerno de Eduardo y cuñado de Jorge, también aportó sus capacidades para hacer negocios. El directorio estuvo ocupado por Roberto J. Bullirch y Julián Aguirre Ocampo, hijo del otrora presidente de la Casa Bullrich, Julián Aguirre Lynch. De todos modos, queda en evidencia que solo algunos de los numerosos miembros que integran la saga familiar tuvieron injerencia en el día a día de la firma.
Apogeo, centenario y disolución
Manuel A. Bullrich presidía el directorio cuando la Casa Bullrich celebró su centenario en 1967. La firma vivía un verdadero apogeo. Más allá de los festejos y que la división Haciendas seguía liderando los ingresos de la firma, también Administraciones Rurales aportó lo suyo. El equipo de trabajo estaba formado por administrativos e ingenieros agrónomos que hacían las recorridas periódicas por los establecimientos. La lógica de funcionamiento de esta división consistía en la recepción de un propietario rural o una firma con varias propiedades que cedía a la Casa Bullrich el desarrollo y labores de dichos dominios por un periodo determinado de tiempo. En los años 70, el negocio siguió creciendo y llegó a contar con 125.000 hectáreas repartidas en más de 50 establecimientos de seis provincias. Además, se llevaba la contabilidad de otros seis establecimientos que sumaban 20.000 hectáreas adicionales.